Después de un tiempo manejando en apps, uno se da cuenta de que no solo aprende rutas y horarios… también aprende tipos de pasajeros. Y es que, aunque cada viaje es diferente, hay personas que parecen repetirse una y otra vez. Seguro más de un conductor va a leer esto y decir: “sí, me ha pasado”.
Está el clásico pasajero silencioso. Se sube, saluda bajito y no vuelve a decir una palabra en todo el trayecto. A veces hasta uno revisa el retrovisor para confirmar que sigue ahí. La verdad, esos viajes pueden sentirse eternos o ser una bendición dependiendo de cómo venga el día.
También está el que se monta hablando por teléfono desde antes de subir y sigue toda la carrera contando media vida. Uno termina enterándose de peleas, negocios, chismes familiares y hasta problemas amorosos sin preguntar nada.
No puede faltar el pasajero apurado. Ese que desde que se sube va diciendo: “bro, ¿sí podemos ir rápido?”, como si uno pudiera desaparecer el tráfico con magia. A veces entienden la situación, otras veces creen que el conductor tiene control sobre todos los semáforos de la ciudad.
Y claro, están los buena energía. Los que saludan con respeto, preguntan cómo va el día y hacen el viaje más llevadero. A veces una conversación tranquila o un simple “gracias” cambia completamente el ánimo después de varias horas manejando.
También existe el experto en rutas. Ese pasajero que te quiere decir por dónde ir en cada esquina, aunque el GPS marque otra cosa. Algunos ayudan de verdad, otros terminan enredando más el camino.
Y cómo olvidar al que dice: “aquí cerquita”, pero ese “cerquita” termina siendo varias cuadras más adelante. Uno ya escucha esa frase y empieza a sospechar automáticamente.
Lo curioso es que, después de tantos viajes, uno aprende a leer a la gente apenas se sube al carro. El tono de voz, la forma de saludar o incluso el silencio ya le dan pistas a uno de cómo va a ser el trayecto.
Al final, manejar en apps no es solo mover personas de un punto a otro. También es cruzarse con todo tipo de personalidades, historias y momentos. Y aunque hay pasajeros difíciles, también hay otros que le recuerdan a uno que este trabajo nunca es igual dos días seguidos.