En esta chamba uno ya ha visto de todo. Pero hay días en los que la vida te lanza historias que, aunque parecen inventadas, son completamente reales. Así me pasó una vez en un viaje por Xochimilco, cuando literalmente me dejaron al abuelo… en forma de cenizas.
Era una mañana como cualquier otra. Estaba conectado en la app, dando servicio por la zona sur, cuando me cayó un viaje en un panteón cerca de San Lorenzo. Llegué y vi a tres personas esperando: dos mujeres mayores, una de ellas probablemente la mamá, y un joven que apenas levantaba la mirada. Se notaban agotados, como si acabaran de pasar por algo pesado.
Se subieron en silencio, con una de esas bolsas negras acolchonadas. No pregunté nada, ni lo pensé mucho. Me pidieron que los llevara a Santa María Nativitas, a unos quince minutos. Durante el trayecto todo fue muy callado. Lo único que empecé a notar fue un olor, como a copal o incienso, parecido al que queda después de una misa. Lo relacioné con el lugar del que venían, y seguí manejando.
Llegamos, bajaron rápido, me dieron las gracias y se fueron. Yo, como siempre, me arranqué al siguiente servicio, que estaba por la glorieta de Vaqueritos. Pero mientras iba rumbo al nuevo punto, empecé a notar que el olor seguía ahí. Volteé al asiento trasero… y ahí estaba la bolsa. Al principio pensé que eran documentos o algo olvidado. Pero cuando la abrí, vi la urna, con una placa dorada que decía: “Don Julián Ramírez. 1947–2025”.
Sí. Me dejaron las cenizas del abuelo.
Intenté contactarlos por la app, por teléfono, por mensaje…y nada. Ya me andaba imaginando al buen Don Julián acompañándome toda la jornada, sentado en silencio en el asiento trasero. Después de unos 40 minutos, finalmente entró la llamada.
—“Joven, por favor, usted es el chofer de hace rato, ¿verdad? Se nos quedó algo muy importante en su coche…”
—“Sí señora, aquí lo tengo. Don Julián viene tranquilo, no se ha quejado del tráfico.”
Rieron nerviosos. Nos vimos en una gasolinera por La Noria, me agradecieron un montón, y recuperaron la urna.
Ese día confirmé dos cosas, La primera: siempre hay que revisar bien el coche después de cada viaje, por si algún pasajero deja algo atrás. Y la segunda: en Xochimilco nunca sabes si vas a dar un paseo normal… o el último viaje de alguien.
Trabajando con plataformas como Didi uno se encuentra con todo tipo de historias. Algunas se olvidan al terminar el día, pero otras se quedan contigo para siempre. O al menos, hasta que te devuelven al abuelo.
¿A ustedes les ha tocado un viaje fuera de lo común?
Un comentario
No manches!, no sé si reír o llorar, jajaja, no me ha tocado algo así, pero sí se entiende que tal vez estaban tan impactados por el suceso que probablemente por eso se distrajeron y olvidaron al abuelo, que bueno que pudiste encontrarlos y que chido que estabas con toda la disposición para verlos, a veces también hay que agarrar la onda con los usuarios