
Hoy me dio por acordarme de algo que todos pasamos, pero que a veces se nos olvida: el primer día. Ese día en que le picamos al botón de “Conectarse” con más nervios que cuando la pareja nos agarra el celular.
Escribo esto para los nuevos que recién se suben al barco y para los que ya tenemos callo, pa’ que nos riamos un rato y recordemos cómo fue esa primera vez.
Les soy sincero: la primera hora no sonó nada. ¡Nada! Yo ya estaba pensando “listo, esto no sirve, me voy pa’ la casa”. Estaba parqueado cerca de un centro comercial, pensando si había hecho algo mal en la configuración. ¡Y de repente pitó esa vaina!
¡La primera solicitud!
Se me aceleró el corazón. Puse el Waze y arranqué. El pasajero, un señor que iba al trabajo. Me monté en el papel: “Buenos días, ¿confirmo destino a la Calle 80?”, aire acondicionado puesto, musiquita suave, con todos los juguetes. Terminamos el viaje sin contratiempo, se baja el señor y toma tu pago, esa sensación fue la mejor, uno acostumbrado (o por lo menos yo) a tener fechas de pago, la quincena, y que en esto el billete llega, ¡una maravilla! Obvio eso emociona. Ese día me salieron como 10 viajes más y todo tranquilo, la verdad se sintió bien, los nervios desaparecieron y llego la motivación para cada día darle más duro a esta vaina.
Como todo no es peritas en dulce, en un viaje el Waze se volvió loco y me mandó a hacer vueltas sin sentido, asumo yo que para tratar de escapar de las vías con trancón, obvio el pasajero ya estaba inquieto (pensando que le estaba dando vueltas pa’ cobrar más) pero yo solo le decía que seguía al gps que si tenia una ruta mejor me dijera y la tomábamos, pensando en que me calificara , uno de nuevo le da muchos nervios las calificaciones o por lo menos tener un buena reputación.
Y ni hablar…En este trabajo, uno aprende rápido que la gente es… particular.
Mi primer viaje “raro” no se demoró en llegar. Una muchacha que se subió y no dijo ni “buenos días”. Se puso los audífonos y listo. Yo, modo estatua. Pero cuando íbamos llegando, se quita los audífonos y me dice: “¿Sabe qué? Mejor déjeme en la otra esquina, es que me estoy escondiendo de mi ex”.
¡Tranquila, doña! Yo soy conductor, no agente secreto.
Y ni hablar del último viaje de ese día. Un señor que se subió oliendo a “ fiesta”, se quedó dormido a los 5 minutos y roncaba durísimo. Lo mejor fue al llegar: no había forma de despertarlo. Me tocó bajarme, abrirle la puerta y decirle suavecito “¡Jefe, llegamos!”. Casi se me queda a vivir en el carro.
Ese día Llegué a la casa como a las 10 de la noche. Cansado como nunca. Con la espalda molida, el celular sin batería y la cabeza dándome vueltas.
¿Pero saben qué? Vi la app y había hecho más plata en un día que en dos días de mi antiguo trabajo.
Ese primer día aprendí que esto es una maratón, no una carrera de 100 metros. Aprendí que la gente es rara, que el GPS falla y que la paciencia es tu mejor copiloto. Fue un bautizo de fuego, pero aquí sigo, ¿no?
Espero estas historias les llegue a la persona indicada , que inicia en esto y hasta ahora se esta acostumbrando o como decimos agarrándole la comba al palo, y pa los que ya son pro, ¡que se rían un rato y nos cuenten como les fue ese día del debut!