En Córdoba, Carla se quedó sola con dos hijos pequeños cuando su pareja se fue del país. Desesperada por mantener la casa y cuidar a sus chicos, buscó trabajo en todas partes, pero con horarios rígidos era imposible. Una amiga le sugirió probar como conductora de aplicaciones.
“Al principio pensé que era una locura. ¿Cómo iba a manejar con dos chicos a cuestas? Pero no me quedaba otra”, recuerda.
El equilibrio entre ser mamá y chofer
Lo que empezó como una medida de emergencia se convirtió en la solución perfecta. Carla organiza su día en función de los horarios escolares: lleva a los chicos al colegio, trabaja unas horas, vuelve a casa, cocina y, cuando los niños duermen, sale a hacer viajes nocturnos.
“Es cansador, no te voy a mentir. Pero me da la tranquilidad de estar presente en sus vidas y, al mismo tiempo, traer plata para la casa”.
Comunidad y sororidad
Con el tiempo se unió a un grupo de conductoras cordobesas que comparten tips y se apoyan mutuamente. “Entre nosotras nos avisamos de operativos, de zonas complicadas, o simplemente nos escuchamos cuando alguien tuvo un mal día”.
Esa red la hizo sentir acompañada y le devolvió confianza. Hoy Carla no solo sostiene a su familia, también ayuda a otras mamás que están pensando en sumarse a las apps.
Ser chingona es resistir y avanzar
Para Carla, el término “chingona” no es mexicano: es universal. “Ser chingona es plantarte frente a la vida, bancarte todo y seguir adelante por tus hijos, por vos y por tu futuro”.Con una sonrisa cansada pero llena de orgullo, Carla resume su historia: “Las apps me dieron lo que necesitaba: libertad para criar a mis hijos y un laburo digno. Y eso no lo cambio por nada”.