Uno cree que después de tantos viajes ya se las sabe todas. Uno aprende a conocer las zonas, los horarios, los pasajeros y hasta esos viajes que desde que aparecen en la pantalla ya hacen pensar: “¿Será que sí lo cojo?”. Pero a veces una pequeña embarrada termina costando más de lo que uno imagina.
Eso fue lo que me pasó.
Un día terminé un viaje normalmente. El pasajero se bajó, yo seguí con mi jornada y, por estar pendiente del siguiente servicio, no revisé que el viaje hubiera quedado correctamente finalizado en la aplicación. Parece un detalle pequeño, pero esos detalles cuentan.
Además, ya venía con algunas cancelaciones y, entre una cosa y otra, mi tasa de viajes finalizados terminó bajando.
Llegó el día 20 y llegó también la sorpresa: tres días de suspensión. Y ahí sí toca hacer cuentas. Tres días sin poder trabajar significan tres días sin ingresos, mientras los gastos del carro y las cuentas siguen llegando…Lo peor es que, mirando hacia atrás, probablemente todo se podía haber evitado.
Por eso, después de esa experiencia, aprendí a revisar con más frecuencia mis métricas y, sobre todo, a asegurarme de que cada viaje quede correctamente terminado antes de comenzar el siguiente.
También entendí que no vale la pena esperar hasta el día 20 para mirar cómo vamos. Si la tasa está bajando, es mejor darse cuenta a tiempo y corregir lo que esté afectándola.
Al final, la lección fue sencilla:
en este trabajo, los pequeños descuidos también pueden costar plata.
Uno sale pensando en hacer más viajes y terminar el día con una buena ganancia, pero también hay que estar pendiente de cómo estamos trabajando dentro de la aplicación. Porque nadie quiere descubrir demasiado tarde que un par de errores terminaron costándole tres días de trabajo.
¿A ustedes les ha pasado algo parecido?
¿Alguna vez una cancelación o un viaje mal finalizado les ha terminado afectando?
Los leo.