Hay días donde uno piensa que “eso nunca me va a pasar”… hasta que pasa. 🚗📹
Cuando empecé como conductora de plataforma, sinceramente no quería gastar en una cámara.
Pensaba:
“manejo bien”,
“soy amable”,
“nunca he tenido problemas”.
Y así estuve varios meses.
Hasta una noche.
Recogí a un pasajero aparentemente tranquilo. Todo normal al inicio. Pero durante el viaje empezó a ponerse agresivo porque no quise cambiar la ruta fuera de la aplicación.
Empezó a levantar la voz, a decir que me iba a reportar y hasta inventó cosas que jamás pasaron.
Ese trayecto se sintió eterno.
Las calles vacías, el reloj avanzando lento y yo con ese nudo en el pecho que pesa más que el tráfico de viernes. 🌑
Cuando terminó el viaje, me reportó.
Y ahí entendí algo muy duro:
A veces, manejar bien no basta.
Ser amable no basta.
Ser mujer conductora a veces significa tener que demostrar el doble.
Por suerte, días antes había instalado una cámara “por si acaso”.
Ese “por si acaso” me salvó.
La grabación mostró todo:
✔️ la ruta correcta
✔️ cómo le hablé con respeto
✔️ que nunca hubo agresión de mi parte
La plataforma revisó el video y cerró el reporte a mi favor.
Desde entonces ya no veo la cámara como un accesorio.
La veo como un copiloto silencioso. 🎥✨
Porque uno nunca sabe cuándo necesitará pruebas.
O simplemente sentir un poquito más de tranquilidad mientras trabaja.
Y sí… ojalá nunca tener que usar esas grabaciones.
Pero manejar con miedo también cansa.
Y a veces una pequeña cámara puede darte algo muy valioso:
Paz mental. 🤍🚘 y dígame ustedes si tienen cámara y por qué se la pusieron?
