El día que la ciudad me dolió

Mi ciudad, como muchas otras metrópolis, es una ciudad llena de caos, tráfico, gente corriendo, pero hay algo que lamentablemente no se puede evitar en medio de  todo esto , y es la inseguridad que se vive día tras día, y es que es algo que nos afecta a todos los ciudadanos, de repente estás muy normal en tus cosas y escuchas que hubo un asalto, o ves a alguien corriendo porque le raparon su teléfono, y bueno uno tristemente se acostumbra y normaliza este tipo de situaciones, y esta vez me tocó a mí, bueno, no fui yo quien fue víctima de un asalto, pero trabajando como conductor viví de cerca algo que me tocó mucho el corazón, una situación que fue bastante fuerte y compleja, donde recién habían asaltado a una pareja de abuelitos, y bueno, este evento no solo me hizo conectar más empaticamente  con la sociedad, si no que tocó y conmovió mucho mi corazón, ya que muchas veces la rutina, el tráfico y la cotidianidad de mi trabajo, doy por sentado que no seré yo quien viva de cerca algo así, y más un asalto tan fuerte como fue el de la señora Martha y su esposo, una pareja de la tercera edad.  

Todo empieza un miércoles en la tarde, a eso de las 2pm, cuando recibo un servicio justo en el medio de la avenida suba, con destino a la clínica reina Sofía en el norte de Bogotá, justamente para la entrada de urgencias. Llego como siempre al punto de encuentro y veo una aglomeración de personas en el paradero del bus, no era normal ver tanta gente, y resulta que estaban auxliliando a doña Martha, quien estaba herida de gravedad con bastante sangre en  su rostro y cabeza. 

Me alarmó al ver la situación,confirme en mi aplicación y efectivamente estaba en el sitio, cuando por la ventana una chica se me acerca y me dice, el servicio lo he pedido yo, pero es para ellos, (señalando a la pareja de abuelitos, y por supuesto a la señora que tenía todo su rostro herido) la chica me dice, que los acababan de asaltar muy violentamente y que estaban muy asustados, que los llevara a la clínica lo más rápido posible, ya que la herida de la señora era abierta y requería atención médica inmediata. 

Y bueno, no era la primera vez que me tocaba hacer de ambulancia, rápidamente inicié el viaje, vi que no había mucho tráfico y enseguida doña Martha y su esposo abordan mi vehículo, entre gritos y lágrimas la señora me dice llena de angustia y tristeza en sus ojos, “joven, estoy muy mal herida, ayúdame por favor, no soy de acá” recuerdo muy bien eso , porque su acento era algo extraño, no dejaba de ser colombiana pero tenía algo en su voz que lo hacía diferente. En esos momentos yo también sentí algo de nervios y de angustia, pero me llene de valor y le pregunté a ella que qué había pasado, ella estaba en shock pero su esposo quien estaba ileso y un poco más calmado me comentó que acababan de retirar una suma fuerte de dinero en efectivo, y que estaban esperando el bus, para dirigirse a su casa, que en esas llegó una motocicleta que al parecer los venían siguiendo desde el banco, y los asaltaron a mano armada minutos antes de que yo llegara, me comentó que su esposa estaba herida ya que ella forcejeó el bolso con el dinero por varios instantes con el ladrón, quien venía en una moto y le dio varios golpes con el arma en la cabeza a doña Martha, una señora de edad de más de 70 años, algo que me pareció una completa locura, y quedé bastante helado al escuchar que el asaltante la golpeaba por varios instantes mientras le hacía el forcejeo, algo que me dejó realmente impresionado, de cómo era posible que el asaltante no le haya importado en lo absoluto que estaba forcejeando con una señora de edad, y peor aún a plena luz del día. 

Lo que ellos me comentaban era algo de película, y pasados unos minutos ya llegando   en camino a la clínica, me siguieron contando lo ocurrido, y es que después del forcejeo el asaltante logró huir con el bolso, donde doña Martha llevaba poco más de 8.000mil Dólares en efectivo, dinero que tenían destinado para un viaje de intercambio para una de sus hijas. 

Ellos me comentaron que no vivían en el país, que habían llegado exclusivamente a despedir a su hija quien empezaría a estudiar una maestría en Europa, ellos estaban radicados en Estados Unidos y venían ocasionalmente a Colombia por sus hijas y nietos, a lo que yo quedé bastante impactado. 

En el momento que les pasó eso ellos estaban solos, no tenían cobertura en sus teléfonos, y estaban completamente incomunicados, de hecho, quien les pidió el servicio fue una muchacha que llegó segundos después a esperar el bus, así que ellos estaban literalmente súper incomunicados con sus familiares. 

En ese momento yo sentí que debía hacer algo más por doña Martha y su esposo quien estaba en shock todavía por lo que le había pasado, era una situación muy fuerte, y me causaba muchísima impresión ver sus heridas. 

Ya cuando llegamos lo primero que hice fue bajarme del carro , me dirijo a una tienda, compré algo de comida, y agua para doña Martha y su esposo, me ofrecí a ayudarla a entrar a la clínica, traté de colaborarle mucho 

Ella me hizo una única petición que fue dejarle usar mi teléfono, tuve que quedarme estacionado por un buen rato, doña Martha lo primero que hizo fue contactar a sus bancos, le presté mi celular y llamó a bloquear todas sus tarjetas, y luego lo más doloroso, fue cuando llamó a su hija, y tuvo que contarle todo, realmente son escenarios muy fuertes estar tan cerca de este tipo de situaciones, se me ponía la piel de gallina literalmente, de solo escucharla como se le quebrantaba la voz diciéndole a su hija, llamando a todos, a la policía, realmente algo muy fuertes estar en esa situación. 

Decidí seguir bríndales mi apoyo, así que me quedé con ellos hasta que llegó la policía, y un amigo de su esposo, ya doña Martha estaba algo más tranquila y en ese momento me tuve que ir. 

Fue algo que me tocó mucho el corazón, y realmente sentí que hice más que una buena acción del día, el hecho de empatizar con tu gente, es algo que te llena en medio de todo, al final solo espero que doña Martha se encuentre bien, fue una pena lo que pasó, pero es una anécdota más que me recuerda que soy humano, que soy persona y de que con pequeñas acciones podemos hacer un mundo mejor, no importa qué tan grande es el gesto de solidaridad, se puede cambiar y ayudar, aunque sea un poquito, esto fue una historia  real que me pasó, que viví y que me dio la satisfacción de poderle dar la mano a alguien que lo necesitaba justo en el momento correcto. Mi ciudad es compleja, pero esto es parte de la realidad que se vive día tras día en medio del caos.  

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