Si eres conductor de aplicaciones, sabes que diciembre no es un mes… es un juego de supervivencia. Entre el tráfico, las posadas, los “ya casi llego” y los olores a ponche fermentado que suben al coche, uno no sabe si trabajar o pedir vacaciones espirituales. Aquí te cuento unas joyitas que solo diciembre puede regalar.
1. El pasajero que venía disfrazado de arbolito de Navidad… literalmente
Una noche me tocó recoger a un sujeto que traía luces LED encendidas en la chamarra. Se subió y me dijo: Bro, si ves que parpadeo, no te espantes, es que soy la luz de la posada.
Yo nomás pensé: Con tal de que no traigas la extensión conectada, todo bien.
2. La familia que convirtió mi coche en karaoke móvil
Me tocaron cinco arriba que, sin preguntar, conectaron el Bluetooth.
En tres segundos ya iba manejando en un concierto no autorizado de “Mi Burrito Sabanero”.
El niño de atrás cantaba tan fuerte que casi me deja sorda.
3. La que casi me hace Santa Claus por accidente
Una señora subió con tantas bolsas que pensé que traía regalos para toda la colonia.
Nada más escuché:
—Mijita, ¿no tendrás espacio en la cajuela?
—Doña, tengo espacio, pero no magia.
Tuvimos que acomodar las bolsas como Tetris nivel experto.
Conclusión
Diciembre es caos, tráfico, posadas y luces por todos lados… pero también es el mes donde más anécdotas te llevas sin necesidad de pedirlas. Ser conductor en estas fechas es como manejar en un show navideño donde tú eres el chofer, el público y a veces hasta el psicólogo. Cuéntame, ¿te ha pasado algo similar a ti?