En estos días he escuchado a varios compañeros preguntarse qué funciona mejor para trabajar: ¿arrancar antes de que salga el sol o alargar la jornada hasta tarde? Como chofer, he probado las dos formas, y cada una tiene sus ventajas según el ritmo de cada quien y el tipo de rutas que haga.
Madrugar tiene su encanto. Las vías están casi vacías, el clima es más fresco y uno avanza sin tantas interrupciones. Muchas veces, las carreras se completan más rápido porque no hay tráfico ni filas en los en las avenidas. Eso sí, implica acostarse temprano y tener disciplina para arrancar con energía.
Trasnochar también tiene lo suyo. En la noche hay menos ruido, menos afán y, para algunos, más concentración. A veces las rutas largas se sienten más llevaderas porque el flujo de vehículos baja bastante. El detalle es que el cuerpo no siempre responde igual, y un descuido por cansancio puede jugar en contra.
En cuanto a las tarifas, he notado que varían bastante según la hora y la demanda, así que nunca hay un día igual a otro. Aun así, en mi experiencia, trabajar con Didi me ha salido bastante bien, sobre todo por los bonos que ofrecen en ciertos horarios. Esos ingresos extra ayudan a equilibrar los momentos en que las tarifas bajan y hacen que la jornada sea más rentable, incluso cuando el flujo de viajes no es tan alto.
Igual es algo que me funciona a mí; no en todos los casos es igual ni todos los choferes trabajan bajo las mismas condiciones. Al final, cada quien va encontrando su propio ritmo. Lo importante es cuidar la salud, escuchar al cuerpo y organizar la jornada de manera que rinda sin sacrificar descanso. Y con eso en mente, les dejo la pregunta: ¿qué les funciona más, arrancar temprano o terminar tarde?